En las faldas de la sierra de Aizkorri se encuentran pequeños valles verdes y frescos donde pastan los animales y reina la tranquilidad rural del interior gipuzkoano, como éste, que todavía recibe el agua del deshielo de la última y reciente nevada en la sierra de la que aún se pueden ven restos en la parte superior de la misma.
Este mágico lugar es el auténtico nacedero de este hermoso río. El lugar por donde el agua almacenada durante la época de lluvias, en el interior de la sierra de Urbasa, sale al exterior por primera vez.
El río Urederra, como su propio nombre vasco indica, tiene unas aguas realmente hermosas, especialmente en su primer tramo, donde nada más nacer forma una serie de espectaculares cascadas y pozas cada cual más bonita, las cuales
van salvando el fuerte desnivel de esa parte de la sierra, bajo el balcón de Pilatos.
Un rincón que no olvidaréis fácilmente.
El río discurre con violencia por algunos tramos de su cauce, labrado a través de los siglos, como aquí, donde se estrecha y aprieta el agua mientras ésta se escurre vertiginosamente hasta
alcanzar poco más tarde terrenos más pacíficos.
Este salto y su poza correspondiente es uno de los rincones más bellos del lugar. Se halla al final de la fuerte
pendiente que el río tiene que salvar en sus primeros metros. A partir de aquí sus aguas se apaciguan y pierden parte de su espectacularidad.
El color que reflejan estas aguas es lo más característico del río Urederra este lugar tan especial. Al parecer las sales minerales del agua
se van depositando en el fondo del cauce, formando una película cristalina que refleja la luz de una forma muy intensa.
Otro de los numerosos saltos de agua. Este en concreto está situado al principio del nacedero, pero muy oculto para verlo desde el camino típico de visita.
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