En las faldas de la sierra de Aizkorri se encuentran pequeños valles verdes y frescos donde pastan los animales y reina la tranquilidad rural del interior gipuzkoano, como éste, que todavía recibe el agua del deshielo de la última y reciente nevada en la sierra de la que aún se pueden ven restos en la parte superior de la misma.
Enclavado en el Pirineo Atlántico, el valle de Baztán es tierra de hidalgos y de indianos, aquéllos que regresaron de ultramar con una gran fortuna y dejaron su huella en decenas de casas torre, palacios y caseríos.
Este valle, también conocido como "la navarra húmeda" es camino de los peregrinos que acudían a Santiago utilizando esta ruta alternativa a través de un paisaje intensamente verde y tranquilo, tachonado de suaves colinas, extensos prados y sugerentes bosques. Es un entorno que seduce por sus pueblos de cuidado y rotundo caserío, y por sus tradiciones como las danzas al son del txistu y el tamboril o las competiciones de pelota.
En el Pirineo occidental, justo superado Baztan y a escasa distancia de la frontera con Francia, está Zugarramurdi, el pueblo de las brujas, donde fantasía y realidad se mezclan para regalar a la imaginación la posibilidad de hacer un apasionante viaje a través del tiempo.
Su cueva, que se encuentra próxima al pueblo de Zugarramurdi y se puede visitar hasta el anochecer, no contiene estalactitas ni estalagmitas, ni en sus paredes se han descubierto pinturas rupestres; pero conserva un atractivo casi único: hasta el siglo XVII acogió supuestamente akelarres, reuniones paganas en las que hombres y mujeres (brujas y brujos para la época) escapaban de la cotidianidad a través de festines desenfrenados, danzas en torno a hogueras y orgías a la luz de la luna.
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